Durante algunos instantes del partido Ernesto Valverde se puso de cuclillas. Agachó su mirada para que coincidiera con la altura de la hierba, intentando transportar su posición en el área técnica al resto del campo. Parecía como si quisiera comprobar que frente a lo que se veía con la espalda erguida podía esconderse algo unos cuantos centímetros más abajo. Poco duraron las escenas como esa, pues no resulta cómodo estar agachado tanto tiempo y mucho menos vestido de traje, pero pareció tomar nota de lo ocurrido a tenor de las soluciones que dibujó después para tratar de cambiar lo que no le gustaba. “Nos estaba costando mucho llegar a las últimas líneas”, resolvió terminado el encuentro. “No estábamos jugando muy rápido, el campo estaba seco, el balón no corría demasiado pero independientemente de eso teníamos que darle la vuelta al partido y cambiar algo porque nos estábamos estrellando contra un muro”, analizó el técnico del Barcelona.
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