samedi 19 août 2017

Lo peor de todo

Tradicionalmente, presidir un club como el Barcelona se ha parecido al arte de hacer pasar el interés propio por el interés de los socios. ¿Y el interés del socio barcelonista cuál ha sido siempre? Únicamente éste: que el equipo juegue muy bien y, además, gane. No importa nada más, ni que Obama nos visite, ni que se ganen ligas de baloncesto o de hándbol. En el fondo, cuando el primer equipo va mal (porque se ha descuidado la plantilla, como clamorosamente sucede ahora), hasta sobran las secciones y no digamos los mánagers, secretarios técnicos y asesores italianos. Por eso no se acaba de comprender —pues cualquier barcelonista sabe lo que acabo de exponer— tanta desorientación o negligencia en la composición de la primera plantilla a lo largo sobre todo de estos dos últimos años. En el pasado junio, vista la catástrofe de la temporada anterior, ya tendrían que haber fichado, por ejemplo, a un claro sucesor de Iniesta, al portugués Bernardo Silva. Pero lo fichó Guardiola para el City, qué casualidad. Tanta lentitud, provocada por la ausencia de planificación deportiva, ha acabado pasando factura y, al irse Neymar, estaban todos, absolutamente todos los deberes por hacer. En el fútbol juega un papel importante el azar, pero sólo en el campo de juego; fuera de él, todo lo que es previsible acaba siéndolo; dicho de otro modo, se ve venir, y viene.

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