Hace ahora 25 años que la Premier League llegó para renovar el molde de las competiciones ligueras. Fue la salida a un tiempo de tinieblas en la tierra donde nació el fútbol. 1992 lucía luminoso en el Mediterráneo. Barcelona y Génova se habían disputado el cetro continental justamente en Wembley. Mónaco y Torino se habían plantado en las finales de las otras dos copas europeas. Y entre las selecciones triunfó la que tenía la mentalidad más meridional de las norteñas, aquella desenfadada Dinamarca.
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