Andy Murray, además de un tipo muy scottish y que nunca se esconde, tiene un altísimo grado de confianza en sí mismo. Al pisar Madrid, ciudad que, por cierto, le fascina, le preguntaron cuáles eran sus expectativas de cara al torneo, dado que no atraviesa por su mejor momento, que su codo derecho le ha jugado una mala pasada este año y que sus resultados han sido muy discretos. Podía haber sido esquivo, evasivo, amparándose en que apenas ha tenido rodaje en tierra esta temporada. Pero no. “Muy altas”, respondió el de Dunblane, un armario ropero al que si se le lanzase al mar con unos grilletes acabaría salvándose, porque tiene soluciones para todo.
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