Más de 40.000 creyentes se quedaron en sus butacas del Calderón, una vez finalizado el partido entre el Atlético y el Eibar, con el propósito de ovacionar a sus jugadores, que se vieron obligados a regresar al césped desde el vestuario para recoger tal muestra de cariño. Aplausos, gritos, alborozo y hasta alguna lágrima recorrieron las gradas del estadio, que en breve será pasto de la piqueta. Acababa de vencer el Atlético a su rival con más voluntad que acierto, certificando su próxima participación en la madre de todos los torneos, la Liga de Campeones, por quinta vez consecutiva. Pero no fue esa mínima victoria ante el Eibar la que empujó a los aficionados a escenificar así su apoyo a la plantilla. El motivo de tanto ánimo hay que buscarlo en lo que se avecina, en esa remontada de aspecto imposible que el Atlético buscará ante el Madrid llevando a hombros la cruz de un (casi) mortal 3-0 en contra. En los últimos días se han multiplicado los mensajes, dentro y fuera del club, que apelan a los sentimientos como supuesta arma infalible. Mensajes, la mayoría, escritos en modo ardor guerrero, léase “a morir, los míos mueren” o “combato y me levanto”. El propio Simeone ha asumido un papel motivador, como es lógico: “El partido contra el Madrid será imposible para muchos, para nosotros, no”.
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