La onda expansiva de la pasarela del Real Madrid y su querencia por el vedetismo difuminó en el verano de 2013 el semillero que se avecinaba en la casa blanca. El estruendoso fichaje de Gareth Bale por 100 millones de euros arrasó con todo, como si a su lado no creciera la hierba. Por la gatera, a la sombra del prometedor jugador galés —entonces más encumbrado por el mercado que por el césped—, llegaron cinco chicos casi de puntillas: Carvajal, Casemiro, Isco, más Morata y Nacho ya como asentados con el primer equipo. El coste de los dos primeros, hoy titulares indiscutibles, fue de 12,5 millones. El malagueño se alistó por 30 y los otros dos fueron reclutados del vivero de Valdebebas.
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