El regreso de Manchester, tras caer en la Europa League el pasado jueves, fue duro, nocturno, pero insomne y con los ojos vidriosos, con un partido en perspectiva apenas sesenta horas después en Vitoria. Otro viaje. Al Celta le pesa la temporada. Contra el Real Madrid jugará su partido número 59. “Es un cansancio físico, una destensión, pero también tiene que ver con lo mental. Debemos volver a aplicar el nervio para volver a sentirnos fuertes”, diagnostica el entrenador Eduardo Berizzo. Contra el Alavés, el pasado domingo, el equipo se dejó ir y al descanso ya había encajado tres goles. Entonces el técnico llamó a Iago Aspas, que no entiende de desconexiones, un futbolero que querría ganar hasta en una pachanga en el pasillo de su casa. Marcó su decimoctavo gol en el campeonato, dio cuatro gritos y antes de pasar por la ducha envió un recado a sus compañeros: “No podemos permitirnos ni esa desidia ni esa desgana, tirar partidos aunque no nos juguemos nada. Tenemos orgullo y defendemos una camiseta”.
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