mardi 16 mai 2017

Dumoulin sobrevuela el Giro a lo Indurain

En la plaza de Foligno, Francisco, juglar de Dios, dejó todas sus pertenencias para vivir en pobreza el resto de su vida; siglos después, en el mismo lugar, brillante y limpio al sol de mayo, Nairo Quintana, poeta del ciclismo del silencio, lo dejó todo también, los signos de su poder, su maglia rosa, su orgullo, su tesoro. Lo hizo, pero no como un gesto transcendente, de búsqueda de pureza, de renuncia a los superfluo, sino solo pensando en recuperarlo, y con creces, de las manos del extraordinario Tom Dumoulin, que se lo llevó al vuelo. Lo dejó Nairo en los crueles 39,8 kilómetros de contrarreloj calurosa y molesta, que, pese a sus mejoras en el ejercicio en solitario, le volvieron a señalar sus límites y a como pretendiente con fundamentos a Tom Dumoulin.

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