El nuevo San Mamés no tiene arco, como es sabido, pero el Athletic se agarra a un alambre invisible que le sostiene, más por su genética competitiva que por la dinámica de su juego. Un alambre que le salvó de un pésimo arranque, que le despertó de una siesta, cuando le concedió al Málaga dos ocasiones en tres minutos para que Charles rememorase la gloria de haber marcado el primer gol de la historia del nuevo estadio, cuando militaba en el Celta. Pero el brasileño cabeceó ambos centros con la ingenuidad de un avejentado principiante.
source Portada de Deportes | EL PAÍS http://ift.tt/2lPB4Lo
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire