El día después del 5-0 al Madrid en el Camp Nou, en 2010 y con Guardiola y Mourinho en los banquillos, un mensaje se repitió por los pasillos de la ciudad deportiva azulgrana. “Mientras Benzema y Ronaldo se queden descolgados arriba, pensando solo en atacar, les ganaremos siempre”, se felicitaban. Había calado el mensaje del técnico: “Los delanteros tienen responsabilidades defensivas y los defensas, tareas en ataque”. Se trataba de jugar juntos, de dar protagonismo al centro del campo y de cuidar la pelota. Pasados los años, Luis Enrique reversionó el modelo sin perder las raíces para hacerse impredecible, para favorecer a una delantera que pudo con todo, hasta el punto de que lograron un nuevo triplete, hito histórico. Pero poco o nada de ese fútbol se vio frente al PSG. Más bien lo contrario.
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