Una lluvia fina eterna, un tapete rápido, un graderío en ebullición constante ante el empuje obligado de los suyos, juego de mucha fricción y mucha segunda jugada y un sinfín de ataques directos y saques de esquina. De ese partido mañanero tan norteño escapó el Atlético gracias a 10 minutos magistrales y templados de Kevin Gameiro. Lejos de ese delantero que trabaja, pero al que le faltaba sutileza en la definición, esta vez ejecutó con la gran virtud de todo goleador: la templanza. Los tres goles le añaden calidad competitiva a su puja con Torres por el puesto de nueve. Enseñó el francés velocidad y definición, las dos cualidades que tasaron su traspaso en 35 millones de euros. El 1-4 fue un castigo excesivo para el Sporting.
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