En días de pesadumbre, el Madrid se colgó de la percha de Sergio Ramos, un tipo optimista como pocos. El capitán fue el rasgo diferenciador en un partido poco fluido de los de Zidane, abrumados por las dos últimas derrotas. Y ya se sabe que el destemple forra las piernas de mármol. Así se vio al Madrid, pesadote frente a un Málaga con desparpajo, solo vencido a balón parado, suerte en la que Ramos es un titán y Kroos un geómetra de primera. Dos toques enroscados con mala uva por el alemán y dos tantos del zaguero, uno con un cabezazo de autor y otro con un pie oportunista en un milimétrico fuera de juego, compleja jugada para el juicio arbitral. Mucho más clara fue la tarjeta, la segunda, que indultó el árbitro a Casemiro ya en el tiempo añadido, con la garganta de la afición local anudada tras el tanto de Juanpi cerca de la hora de juego. Otro posible soponcio a la vista para un equipo sonado por los últimos azotes. Sin chispa y con poca dicha futbolística, ante los de Gato Romero no tuvo más catálogo que el del capitán blanco, todo un sedante para el Santiago Bernabéu.
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