El primer día, el de su estreno esta temporada, las pasó canutas frente a Samantha Stosur. La siguiente intervención, contra Daria Kasatkina, todavía requirió de un plus mayor de sufrimiento, con una bola de partido salvada en la muerte súbita. Y este jueves, para abrirse paso hacia las semifinales del torneo de Brisbane y demostrar que está fuerte, que tiene la lección bien aprendida y que en este 2017 puede volver a golpear duro, Garbiñe Muguruza ofreció otra exhibición de robustez mental y pundonor. Batió la hispano-venezolana a la resabiada Svetlana Kuznetsova (7-5 y 6-4) y se citó por un puesto en la final con la francesa Alizé Cornet (6-3 y 7-5 a Dominika Cibulkova), en lo que supone ya un arranque de curso importante y que nada tiene que ver con el de hace un año, cuando en la segunda ronda del mismo escenario tuvo que abandonar como consecuencia de una mala puesta a punto.
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