dimanche 20 novembre 2016

Zidane, ese aprendiz

Coja usted a un equipo donde a su antecesor jamás, nunca, nadie, tomó en serio. Un equipo que de tanto como sabía a qué tenía que jugar no jugaba a nada. Coja usted, digo, a ese equipo hecho jirones y conquiste el trofeo de clubes más preciado del mundo, la Champions. Y luche por la Liga, en la que a punto estaba de ser amortajado, hasta el último minuto del último duelo. Y gane 34 partidos de los 45 disputados. Y pierda solo dos. Y hágalo habiendo sido uno de los futbolistas más extraordinarios de la historia reciente, pasada y futura. Siéntase durante un instante en ese papel, pero no se regodee en los éxitos, ni se le ocurra. Ni en el respeto, el cariño y la admiración que le profesan sus jugadores. Ni en la devoción que le regala cada día la inmensa mayoría de la afición. Porque en cualquier oscuro rincón no ya de cualquier oscuro bar, que también, sino de cualquier redacción de periódico o de radio, en cualquier red social, en cualquier tertulia de esas en las que quien no grita no cobra, habrá alguien que afile su retorcido colmillo y que vocee ¡ay mi madre!, que usted, sí, usted, señor Zinedine Zidane, no sirve para entrenar al Real Madrid.

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