La memoria es tan corta y el odio tan largo que nadie recuerda que en 2013, cuando Cristiano Ronaldo renovó por última vez, el portugués se presentó con las mismas gafas que le costaron este año las burlas. Cuando Ronaldo renueva contrato renueva de paso los tontos; el resultado, en el campo y fuera del campo, siempre es el mismo. Hace tres años esas gafas eran unas gafas grandes, no tan robustas como las de la Transición pero con el aire pesado de los intelectuales chic. Yo estuve en aquella rueda de prensa en el Bernabéu, que consistió en preguntar muchas veces a CR cómo se sentía siendo el mejor en diferentes aspectos de la vida. Cristiano nos miraba a todos desde unas gafas grandes como las de Cortázar y a veces, como todas las preguntas llevaban la respuesta encima, ponía morros mirando al vacío.
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