La historia está repleta de figuras de talento modesto agigantadas por la epopeya artificial que las audiencias alientan en los grandes escenarios. Ariz Aduritz (San Sebastián, 1981) representa el caso opuesto. Probablemente, en las últimas dos décadas el fútbol español no ha producido un delantero más completo. El peregrinaje por clubes periféricos, las decisiones erradas, alguna lesión inoportuna, y un carácter poco adecuado a las relaciones públicas y la autopromoción, le mantuvieron en los márgenes del gran catálogo. En Wembley, a sus 35 años, jugó su décimo partido con España. Fue casi un homenaje de retirada. Una fiesta sombría, acorde con su trayectoria inextricable. Apenas le pasaron la pelota.
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