Lo que mal acaba, da igual que empiece bien. No fue el caso para el Baskonia, que empezó mal cada cuarto ante el Armani Milan y lo acabó aún peor. Nada peor que aparentar debilidad para que jugadores como Hickman o Sanders se regodeen en sus habilidades y trituren la canasta a veces con la elegancia de una bandeja, a veces con la precisión de un triple o sencillamente con un ejercicio de buena colocación. Y así hasta el el 88-76 final, aunque el Baskonia supo ya en el descanso (49-35) que sus posibilidades de perder eran muy superiores a las de ganar.
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