Decía un viejo entrenador de fútbol que la elección entre el contragolpe o el toque en corto es una fantasía imposible de reproducir sobre el terreno. Ese es el dilema que afronta España desde que Vicente del Bosque comenzó a introducir cambios gruesos con la incorporación de un nuevetipo tanque, en 2014. El injerto, cuyo propósito sería alternar el toque con el pelotazo, no solo no tuvo éxito. Fue un fracaso estrepitoso. Un fiasco que no disuadió a Del Bosque ni a su sucesor. Julen Lopetegui parece convencido de que sabe cómo introducir a Diego Costa en la punta del ataque de la selección. Esto presupone considerar que de algún modo Costa encontrará grandes praderas para correr al contragolpe, porque las descubrirá él, o porque se las descubrirá el propio equipo con maniobras a propósito.
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