Madrid estos días es una buena ciudad para enfadarse. Además no proporciona enfados malos. Son esos enfados entrañables que tienen los padres cuando regresan de una reunión con los tutores, y al final, comentando las cafradas del hijo, acaban sonriendo. De todos los lugares de todas las ciudades del mundo, el mejor lugar para enfadarse este fin de semana fue el Bernabéu, seguido de cerca de la calle Ferraz. En ambos el enfado tenía una atmósfera de chirigota; es decir, uno quiere y debería enfadarse, pero tanto el Madrid como el PSOE lo ponen difícil. Hay que quererlos.
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