El río Bernesga corta, como siempre, el prado que separa la Plaza de Toros de León del estadio Reino de León. Pero no siempre es el mismo río. No es el mismo curso de agua que en junio de 2015 lucía un chorro ocre que todavía arrastraba caudaloso el deshielo primaveral. Este domingo, 15 meses más tarde, apenas era un manso arroyo de un verde cristalino cuando el autobús de la selección de España lo atravesó para ir desde el hotel al campo a celebrar el entrenamiento de rigor. Miles de aficionados pasaron por el puente para acudir al estadio y ver, gratis, a sus ídolos. Sobre todo a uno, que inspira la imperecedera rencilla popular. Se trata de Gerard Piqué, jugador de jugadores, jugador de fútbol, y jugador imprescindible en el juego de los antagonismos hispánicos.
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