Era la segunda sesión de entrenamientos de MotoGP. 45 minutos de práctica. Y todavía quedaban 34. Valentino Rossi, cuarto en la tabla, estaba haciendo una buena vuelta, venía mejorando sus tiempos. Las previsiones decían que, al menos, debía ganar una posición y colocarse tercero. Eso auguraba un programa informático del que dispone Dorna, empresa organizadora del Mundial. Entonces, cuando se acercaba a la última curva de Misano, a la izquierda, se encontró con las dos Suzuki: Viñales se apartó ligeramente de la trazada; Espargaró, que estaba algo más adelantado, se giró, pero siguió a lo suyo, tanto que incluso se le levantó la rueda delantera de la moto. Rossi ya no podría completar la vuelta perfecta, no pudo hacer la trazada como debía porque allí estaba Aleix. Y cuando llegó a su rueda se lo recriminó al tiempo que aquel le pedía disculpas con la mano.
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