Emocionado, sonriente y muy pegado al resto de deportistas españoles que acudieron a Maracaná, Rafael Nadal portó por fin la bandera de España en una ceremonia inaugural de unos Juegos Olímpicos. La historia le debía una al mejor tenista español de siempre, que cumple por fin uno de sus sueños cuatro años después de que una lesión le privara de hacerlo en Londres. Esta vez nada ni nadie, ni siquiera su maltrecha muñeca que ha tenido a todos en vilo hasta el último día, privó a Nadal de comandar a la delegación española en Río, donde buscará su segundo metal olímpico tras el oro en Pekín 2008.
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