Maracaná tiene voz. Ruge. Lo demostró alrededor de las 4 de la madrugada (hora española) cuando la delegación brasileña saltó al estadio. Fue la última en hacerlo. Pero su color, su entusiasmo, su música, diferente a la del resto, demostró que todo el país se unió para llenar de elogios a una delegación vestida de verde y azul, con unos estampados totalmente reconocibles. Solo rivalizó con los anfitriones en cariño, la delegación de los deportistas refugiados. Todo el estadio brasileño se levantó para aplaudir a atletas que luciendo la bandera olímpica agradecieron el cariño moviendo los pequeños estandartes que poseían en sus manos.
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