El valle es majestuoso, los tonos de verde no se los acaba uno por mucho que mire y mire al monte, así que la construcción va en consonancia. Abundan las obras de arte, muy toreras, por cierto, claro, no podía ser de otra manera, es Red Bull quien paga, y las exposiciones de fotos y el despliegue de material para pasar la tarde en la biblioteca. Pero este viernes rugirán los motores y por bello que sea el entorno a los pilotos lo que les preocupa es su integridad. No es para menos. Son irreverentes. Pero no tienen el cuerpo para lanzarse a cualquier pista, conscientes como son de que se juegan literalmente la vida en cada curva.
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