dimanche 21 août 2016

“No soy diferente a nadie, sólo hago mi trabajo”

Llueve en Río. La entrada a la Villa Olímpica está llena de charcos y barro. Es un ir y venir de deportistas con maletas –por las pegatinas y el chándal sabes de qué nacionalidad son- con bolsas de la compra de la tienda oficial. Algunos están sentados delante de la tele para ver el maratón. Saúl Craviotto (Lleida, 31 años) también llega con su maleta. Hoy (domingo) dormirá por primera vez en la Villa. Su técnico, Miguel García y su compañero del K2, Cristian Toro, se han alojado en un apartamento cerca de Lagoa para no perder tiempo en los traslados. Ahora se unen a la expedición española para participar en la ceremonia de clausura. “Estoy reventado. No he dormido nada, me acosté a la una después de que nos tomáramos una caipirinha porque estaba muerto y a las cinco de la mañana ya estaba con los ojos abiertos. Es la hora que llevo en el cuerpo, estos días me he estado levantando a las cinco para irnos a entrenar”, dice Craviotto, cuatro medallas en tres Juegos, mientras se sienta en una de las mesas en la entrada principal de la Villa, la que está reservada a los atletas.

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