Cuando se abrieron las puertas de Maracaná brillaba el sol: el estadio vacío, era un juego de luces y sombras. Fue atardeciendo (el sol en Río se pone sobre las 17.30) mientras los policías empezaban a subir por la rampa de acceso, presidida por los anillos olímpicos. Había colas para hacerse una foto con el símbolo de los Juegos. Los organizadores, mientras, amenizaron la espera con imágenes de los mejores momentos olímpicos y de los últimos Juegos a través de los videomarcadores. La ovación más grande, sin embargo, se la llevó una pareja de homosexuales durante la kiss-cam: su beso fue aplaudido por todo el estadio.
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