La selección española se salvó en el conteo final ante Nigeria (87-96), pero exhibió una imagen todavía más atrofiada que la transmitida en sus derrotas ante Croacia y Brasil. Ganó a los puntos un combate nervioso, que no supo resolver hasta el tic-tac final. No aprovechó la bicoca frente a un rival teóricamente inferior, más aún con la ausencia del ‘nba’ Ezeli y la baja del pívot del Barcelona, Lawal. No hay manera de que la escuadra de Sergio Scariolo se entone y encuentre en Río una mínima chispa, el abecedario del juego con el que tantos años ha deslumbrado. Ganó y algunos jugadores evidenciaron algunos síntomas de mejora, caso de Rudy Fernández, Ricky Rubio o Navarro. Pero sus desajustes, su falta de efectividad defensiva y hasta algunos ramalazos de histeria, lastraron su juego. Hasta Pau Gasol perdió los nervios. Y España no consiguió quitarse de en medio al entusiasta y decidido equipo nigeriano hasta el último minuto del partido al que se llegó con un expresivo 84-89.
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