Si existe un equipo representativo de toda la delegación española que ha viajado hasta Río, es la selección masculina de baloncesto. No es nada nuevo, pues estamos hablando de un colectivo cuyo rendimiento, comportamiento y permanencia en la élite resulta extraordinario y sólo al alcance de muy pocos equipos en la historia, no ya del baloncesto, sino del deporte en general. La selección ha marcado una época probablemente irrepetible, donde su influencia ha ido más allá de los éxitos (casi anuales) o el juego en sí (en muchas ocasiones excelso por la suma de talento que atesora) sino por crear un modelo de compromiso, conciencia colectiva, relaciones internas y externas y buenrollismo que ha sido imitado por otros grupos, y no sólo de nuestro país (ver la selección francesa de baloncesto).
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