A un partido para el cierre de la Eurocopa solo una memorable final puede dar algo de posteridad a un campeonato con mucho jolgorio y escaso fútbol. Si no lo remedian Griezmann o Cristiano, los dos grandes solistas, Francia 2016 corre el riesgo de entregar el balón de oro a Will Grigg. El norirlandés no ha jugado un segundo, pero, sin muchas distracciones sobre el césped, ha sido la musa de la mejor banda sonora. Sin un cierre de altura mañana en París (Telecinco, 21.00), el epitafio del torneo se limitará al atrezo, no al juego: los aborrecibles hooligans, el extraño sentido del olfato de Joachim Löw, el griterío islandés, los críos galeses por el prado, el patético Zaza... Sin olvidar el folclórico Viva España con el que, ya en 2016, aún la organización amenizaba a La Roja.
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