Tras superar a Gales en la semifinal de la Eurocopa, se presentó ante las cámaras con cara de asustado y la mirada al suelo, como si le pudiera un arrebato de timidez. “Centré con la idea de poner el balón en el área y fue Ronaldo fue el que remató. Pues mejor. No importa de quién fuera el gol o cómo llegó, sino que había que ganar y estoy muy contento. Será muy bueno llevar la camiseta de Portugal en una final en Francia. Es un sueño”, resolvió con un discurso entrecortado Raphaël Guerreiro, de 22 años, nacido y criado en Le Blanc-Mesnil, un suburbio parisino, pero originario por parte de padre de la diáspora portuguesa de los años 60. Es una de las sorpresas del torneo, un lateral de largo recorrido que ha cerrado el costado izquierdo de Portugal y que pone centros envenenados gracias a su zurda precisa.
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