Entre viñedos de Hermitage (syrah) y sobre pequeños puentes sobre el Ródano tempestuoso, Fabio Aru hizo brillar su casco blanco con la cruz y los moros de la bandera de su Cerdeña atacando como Vincenzo Nibali, de Sicilia, su hermano mayor en el ciclismo lo haría: en un descenso espectacular, delante de todo un pelotón que lo persiguió durante una decena de kilómetros y al que nunca aventajó en más de 10 segundos. Fue una victoria de clase la del último ganador de la Vuelta, y de orgullo muy italiano.
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