Tengo un amigo que nació el mismo día que Alemania y Holanda disputaban la final del Mundial de 1974. Estaba todo listo para el espectáculo en el Olímpico de Múnich cuando, según cuenta él, su madre rompió aguas. Al ingresar en la clínica, el médico, ante la amenaza de perderse el partido, hizo todo lo médicamente posible por acelerar el parto. Felizmente, todo salió bien y, cuando Neeskens marcó de penalti en el minuto dos, mi amigo estaba ya en este mundo y el doctor delante de la tele.
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