Ya no había vuelta atrás. Albert Stroni (Fier, Albania; 45 años) había tomado la decisión más dura y necesaria de su vida. Reunió a sus padres y hermanos a la hora de cenar, también a su querido primo, y les dijo que en el próximo viaje a España con la selección pediría asilo político y que ya nunca más sabrían de él porque así lo obligaría el régimen de Enver Hoxha. Hubo lágrimas profundas y aún hoy se emociona al recordarlo. Pero es tiempo pasado y con la muerte del dictador se abrieron las fronteras; es tiempo en el que Albania también jugaba al fútbol. Lo cuenta Stroni, escogido en 1990 el mejor jugador del país y ahora propietario de una tienda de compraventa de coches en Monforte de Lemos (Lugo).
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