Novak Djokovic, hoy día, juega al tenis como nadie. Es el número uno indiscutible y fuera de las pistas su comportamiento es de lo más profesional, siempre predispuesto a un saludo –"Nole, ¿cómo va tu castellano? Va bien, muchas gracias"– y obsequioso con los aficionados. El serbio es exquisito en su atención a los medios, a los que siempre ofrece respuestas bien rumiadas y ricas en contenido. Es el actual rey del circuito y así lo entiende, aunque de vez en cuando los viejos diablos se liberen.
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