jeudi 2 juin 2016

El peso de llamarse Messi

En la escuela de fútbol del club Abanderado Grandoli, en el barrio de Las Heras de Rosario, es normal ver a los padres, abrochados a un lateral del campo, animar (o reprochar) a sus hijos, cuestionar (o insultar) a árbitros y entrenadores, soñar (o exigir) que sus niños se conviertan en el próximo Leo Messi. Allí, donde el 10 del Barcelona cantó sus primeros goles, Jorge Horacio Messi llamaba la atención por su discreción. Cuentan que cuando Lio jugaba en Grandoli, Jorge se colocaba detrás de una de las porterías y ni abría la boca. “De chiquito hacía cuatro goles y mi viejo, igualmente, siempre tenía algo para criticar. Eso hacía que me quiera superar al siguiente partido. Pocas veces me dijo ‘jugaste bien”, explica el delantero del Barça.

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