México voló alto y se estrelló en California sin previo aviso. Los mexicanos habían construido una inédita racha de 22 partidos sin perder y llenaron de esperanza a una afición mexicana carente de festejos. Tenían, por primera vez, la oportunidad de jugar como locales una Copa América, pero la imprevista goleada de Chile (0-7) en cuarto los llevó al declive y a su peor derrota en partidos oficiales, además en un estadio tapizado de camisetas verdes que durante el festín de goles abandonó a su equipo y se volcó en contra. La estrategia y el discurso no le funcionaron al colombiano Juan Carlos Osorio.
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