A Francia no le interesa la posesión como presumió Didier Deschamps antes de arrancar el torneo. Ni le va ni le viene, como tampoco le seduce la pausa ni el control sino que vive del físico hasta las últimas consecuencias. Tanto da que el técnico se queje del césped —el de Lille, como el de Marsella, está terriblemente mal— si de lo que se trata es de sacar músculo como hizo frente a Suiza, en un partido de lo más amable porque su clasificación para octavos ya estaba cerrada. Pero fue un auténtico correcalles que recordó a un duelo de la NBA, donde se agota el tiempo para pasar al campo rival. Y de tanto correr, a unos y otros se les olvidó el gol. Aunque no el salvoconducto para la siguiente ronda; Francia como primera y Suiza por detrás.
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