Daniel Ricciardo nunca se ganará la vida como pitoniso. Antes de aterrizar este miércoles por la noche en Bakú, en un avión privado que habitualmente comparte con los demás miembros de la parrilla que viven en Mónaco, como él (Rosberg, Button, Massa), aseguraba el australiano que las zonas más estrechas del circuito iban a ser un imán para los coches. “Espero no ser yo, pero seguro que alguien se la pegará allí”, concedía Ricciardo. Pues bien, el piloto de Red Bull ostenta el dudoso honor de ser el primer accidentado de la historia del trazado que caracolea por la capital de Azerbaiyán.
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