Un cartel que comparten una extraña mezcla entre torero y bandolero con un balón bajo el brazo y una bailadora abrieron las puertas de la Isla de Ré a la selección española, que aterrizó sobre las nueve y media de la noche en el aeropuerto de La Rochelle. Un “Bienvenidos a La Roja” corona esa gigantesca y folclórica imagen instalada en el peaje que da paso al imponente puente de casi tres kilómetros alzado sobre el océano Atlántico en los años 90. Allí mismo, a la entrada de esa espectacular pasarela arquitectónica que une a la ciudad de La Rochelle con la isla, está prevista la instalación de uno de los cordones de seguridad durante la estancia de la selección. Otro de ellos está situado a unos 100 metros del Hôtel Atalante Relais Thalasso y prohíbe el paso a cualquier persona ajena a la selección y al personal del complejo hotelero. Una verja metálica, vigilancia privada y policía montada a caballo bloquean el acceso. Un paradisiaco, pero bunkerizado alojamiento en el que Vicente Del Bosque y sus futbolistas convivirán con la brisa atlántica durante al menos las dos próximas semanas.
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