Los partidos que nacen desde la desigualdad se dice que pueden esconder algunas trampas para mantener una cierta incertidumbre. Que si cosas más raras se han visto, que si algunos futbolistas se empeñan en el lucimiento personal, que si el gol se hace de rogar, el equipo menor ve como crece su autoestima... Brasil tardó diez minutos en destruir todas las trampas, los que necesitó Coutinho para iniciar su repertorio de goles, quiebros, pases interiores, carreras supersónicas y disparos como balas. En media hora, el delantero del Liverpool, había conseguido dos goles y minado definitivamente la moral de Haití, que asumió su papel testimonial en el partido, con las ganas puestas en hacer el gol del honor que sin duda hubiera pasado a la historia.
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