jeudi 7 avril 2016

Un Madrid parvulario

Diez Copas de Europa en la mochila no siempre te liberan de esperpentos. Un retrato, el segundo gol del Wolfsburgo, colegial. Draxler, que no es extremo, recibió la pelota en la izquierda y ante sus incrédulos ojos vio un paseíllo torero, así que plácidamente arrancó en diagonal. Eran los cuartos de final de la Champions, cosa seria, pero lo mismo dio: se desatendió Danilo, su supuesto carcelero; no se aplicó Modric, el volante que debía auxiliar en ese costado; y no se corrigió Casemiro, el bombero del eje central. Justo a esa zona llegó el joven jugador alemán, con todo el tiempo del mundo para divisar a Bruno Henrique, que iba a su bola por la derecha, donde no estaba Marcelo, al que le dio por ser central en la jugada. Y tampoco había migas de Kroos, el volante guardián por esa orilla. Por supuesto, no socorrieron Cristiano o Bale. Al cómodo centro de Henrique llegó Arnold desde la segunda línea para embocar en el área pequeña como si nada. De traca.

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