Ni tras un eslalon, ni de falta, ni de cabeza, ni desde el balcón del área… Ni nada de nada. Parecía estar gafado Messi, un superdotado del gol, que sufría todo un tormento sobre el césped porque sumaba cinco encuentros sin ver la portería rival y ante el Valencia persistía en su mala puntería al desaprovechar tres ocasiones claras que desde el Camp Nou se festejaron antes de tiempo. Hasta que dijo basta y al fin hizo la diana, su gol 500, que celebró más con rabia y prisas que otra cosa porque el Valencia vencía… Y venció.
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