Marcel Granollers no plantea un caso extraño. Muchos jugadores han pasado por el infierno de comprobar cómo, casi sin darse cuenta, su clasificación va cayendo hasta quedar en las antípodas de su calidad real. Le ocurrió durante los dos últimos años a Rafael Nadal, que no conseguía ofrecer lo mejor de su juego y sufrió una caída en la clasificación que, dada su calidad, se frenó en la décima posición entre junio y julio del año pasado. Le había ocurrido mucho antes al mítico Andre Agassi que se rehízo dos veces tras sucumbir por encima de los 100 primeros del mundo. Y la pasada temporada, Granollers pasó por el mismo calvario y su ranking bajó hasta el 98º en febrero de 2016.
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