Había perdido cuatro previas de Final a Cuatro jugando a cinco partidos y había ganado cuatro veces jugando a tres partidos. Quedaba esa duda. Asunto resuelto. Se jugaba a cinco encuentros y le bastaron tres para liquidar al Panathinaikos tras vencer en el OAKA, presunto infierno convertido en témpano de hielo (75-84). Y con el añadido de la épica que supone ganar con una plantilla mermada por las bajas de Causeus, Hanga y Shengelia, pero con la ventaja de disponer de jugadores de esos a los que les van las emociones fuertes, o sea James y Adams, dos bases americanos. Las lesiones les obligaron a aliarse, más que a compartirse, y con la ayuda de un tipo discreto, un outsider como Corbacho, ayer con más minutos, pero que supo acertar en el momento justo. El alero mallorquín fue ese invitado que tiene la palabra exacta en el momento oportuno cuando no se sabe muy bien qué decir, con el temor de meter la pata.
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