En el primer momento en que el Madrid perdió el respeto al Barça marcó un gol. Fue el irreverente Marcelo. Que subió con el balón y cuando llegó al área se puso a hacer un paseíto en horizontal; si no se llevó las manos a la espalda mirando el tendido fue porque el árbitro cuando ve ese gesto suele sacar tarjeta. Y entonces, mientras esperaba que apareciese alguien por la derecha, hizo la pisadita. Una pisadita al balón, acariciándole el lomo, y la defensa del Barcelona pasmada mirando al brasileño con peinado de clown; hay una imagen de Piqué que parece el emoticono de la folclórica. Son esos gestos exóticos los que desconciertan a la fábrica de moda del fútbol mundial. Que le pisen el balón en las narices, y que en consecuencia se desequilibre el azar y el rechace le caiga a un jugador del Madrid. Hubo gol de Benzema y la primera reacción fue de incredulidad. El Barcelona había echado la leña y jugaba con el mechero para poner a arder la pira blanca. Sacar los demonios del Madrid a paseo, meterle tres o cuatro goles y empezar la semana como Dios manda y el Wolfsburgo acariciando un gato.
source Portada de Deportes | EL PAÍS http://ift.tt/1RUUeag
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire