Las primeras jugadas suelen proporcionar indicios de la configuración general de los clásicos. Estaba el Madrid metido en su campo, esperando al Barcelona en los instantes iniciales del partido cuando Busquets retrasó el balón a Bravo y Benzema, cansado de esperar, hizo aspavientos pidiendo a sus compañeros que adelantaran las líneas de presión para apurar al portero y a los centrales azulgrana. Pero Modric, lejos de subir, dio unos pasos atrás intentando cerrarle los espacios a Neymar, que se desmarcó entre líneas. Nadie siguió a Benzema. Al contrario, Cristiano y Bale se quedaron clavados y sus demás compañeros retrocedieron. La descoordinación abrió una brecha. Bravo tocó para Busquets y el centrocampista salió penetrando en espacio libre, con tiempo para levantar la vista buscando el pase final. Desesperado para corregir la descompostura, Pepe abandonó la formación y se abalanzó sobre su oponente llevándoselo por delante, pelota incluida.
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