El Arsenal murió atacando, apuñalado por un Barça que le buscó la espalda y se la encontró. La historia reconocerá de por vida la idea sobre la que Arsène Wenger construyó el tránsito a la modernidad. Anoche, de perdidos al río, el francés mandó a su equipo a buscar al Barcelona muy arriba, porque no le quedaba otra que marcar dos o tres goles. Así lo avisó en la previa y así ocurrió. Pero Luis Enrique y su equipo de analistas tenían previsto el antídoto, que pasaba por jugar en largo, obviando las transiciones, ignorando las contras. Frente a la osadía, se trataba de ser más profundos que nunca en el camino del gol, o los goles, que decidieran la eliminatoria y sellaran el pase a cuartos por novena temporada consecutiva. Y el plan salió perfecto.
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