Lluvia, barro, tregua. Los tres elementos de forma concatenada. La primera velada de Rafael Nadal en Río de Janeiro ofreció un poco de todo eso: el agua, protagonista, demoró en más de una hora el duelo con Pablo Carreño (6-1 y 6-4, después de una hora y 20 minutos); la pista, de por sí pesada y pastosa, terminó convirtiéndose prácticamente en un tapete de barro; y el número cinco, después de varias actuaciones dudosas y un resbalón notable en la arena de Buenos Aires, por fin selló un triunfo sin sobresaltos ni aristas que le conduce hasta un pulso con Nicolás Almagro (6-1, 3-6 y 6-4 a Daniel Muñoz de la Nava).
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