El resultado (6-1 y 6-4 ante el estadounidense Denis Kudla) suele ser un buen indicativo, pero en este caso tal vez fuera lo menor. Lo importante, lo advertía el propio protagonista durante los días prevíos, era verdaderamente volver a sentirse deportista, feliz sobre una pista. Sentirse un hombre pleno de nuevo y jugar sin dolor. Así que Juan Martín del Potro disfrutó a las mil maravillas de su regreso a la cancha. Lo hizo 327 días después, tras 11 meses de incertidumbre y oscuridad (otra vez); fue en Florida, en un torneo menor (Delray Beach, de categoría 250), pero para él fue toda una bendición.
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