Un cero a cero suelen ser dos bostezos. Casi lo fue en Alicante hasta el tramo final, de no ser por una oda de Mario, un chico del Villarreal que le ha cogido gusto a lo de golear con la selección -dos partidos, dos goles- y Cazorla tras la mejor trenza del equipo en toda la noche. Ambos animaron el cotarro y rescataron el partido que iba para la nadería. Un guiño merecido para España, que al menos puso más arte y empeño que Inglaterra, que aun en estas fechas estuvo de veraneo por Levante. Tampoco le da para mucho más, hace siglos que solo deslumbra su escudo, la mística. Con un goteo, sin exquisiteces, sin necesidad de un partido redondo, la Roja dejó a los ingleses en la cuneta sin que estos tuvieran dictado alguno. Resulta curioso que España mejorara cuando fulminó a sus dos delanteros de inicio. Entonces jugó mejor y embocó. Es su camino, lo ha sido desde que hizo cumbre en 2008.
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